Estados Unidos – Para crear empleo, reducir el déficit y retomar la senda del crecimiento, hay que pagar por ello

Estados Unidos atraviesa las secuelas de una de las crisis más graves de su historia, que ha devenido, además, en una crisis política.

Desde que los republicanos ganaran las elecciones parlamentarias de mitad de período y se hicieran con la mayoría de la poderosa Cámara de Representantes, Estados Unidos atraviesa una crisis política casi sin precedentes, en que se pelea por cada peldaño.

El próximo round versará sobre la Ley de Creación de Empleo y el Plan para Recaudar Ingresos que respalden esa ley que, entre otras medidas, aumenta los impuestos a los más ricos.

Ambos instrumentos forman parte de las medidas que impulsa al Presidente Obama para hacer frente a la crisis y reducir el déficit y la deuda. Al presentar este plan el Presidente Obama dijo que vetaría cualquier ley que recorte beneficios para los más pobres y no incremente los impuestos a los más ricos y a las grandes corporaciones. El Vocero de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, por su parte, dijo que hay una única opción: recortar el gasto, sea como sea y en el sector que sea, y su partido adelanto que no están dispuestos a imponer más impuestos al sector privado, ya que estas medidas podrían desalentar la inversión.

Tanto en la Ley como en el  plan se menciona que los más ricos pagan menos impuestos que los americanos de clase media, y que los empleados de las grandes corporaciones pagan más impuestos que los principales accionistas. Se sostiene que no es correcto bajar el déficit y la deuda recortando más gastos en salud, educación o investigación, si hay otras vías, y que la rebaja de impuestos a los que menos tienen y el aumento a los más ricos puede proporcionar los fondos y los incentivos para invertir en empleo y consumo y poner la economía en marcha.

En su presentación del 19 de septiembre el Presidente Obama dijo[i]:

Durante la década pasada el derroche del gasto en Washington, más rebajas de impuestos a multimillonarios y billonarios, y el costo de dos guerras y la recesión convirtieron un superávit récord en un enorme déficit y nos dejaron una pila de deudas.

Si vamos a reducir gastos … la manera correcta es pedir a cada uno que aporte en proporción justa.

Y esa es la razón por la cual este plan elimina privilegios tributarios que beneficiaron principalmente a contribuyentes de gran riqueza y a las más grandes corporaciones –- recortes impositivos que no tuvieron las pequeñas empresas ni las familias de clase media. Y si no se logra esta reforma tributaria, en el plan se pide que los americanos más ricos sean gravados con las mismas tasas que regían en la década de los noventa, antes de la reducción de impuestos del presidente Bush.

Las tasas impositivas de los Estados Unidos sobre las empresas se encuentran entre las más altas del mundo, pero el sistema tributario tiene a la vez una enorme proliferación de excepciones y beneficios especiales, de modo que algunas compañías se libran de pagar un montón de impuestos, mientras el resto paga la cuenta. Esto hace que nuestra economía en su conjunto sea menos competitiva y que nuestro país sea menos apreciado como lugar para hacer negocios.

Esto tiene que cambiar. Nuestro código tributario no debe dar ventajas a las compañías  que cuentan con el mejor cabildeo.  Deber dar beneficios a compañías que inviertan en los Estados Unidos y creen trabajo en los Estados Unidos. Y podemos incluso bajar las tasas de las compañías si logramos eliminar todos esos tratamientos especiales.

Ahora escucharemos a los defensores habituales de ese tipo de beneficios diciendo que esto es simplemente una “guerra de clases”. Rechazo la idea de que pedir que un gerente de un fondo de cobertura pague la misma tasa que un plomero o una maestra sea una guerra de clases. Creo que es lo correcto, que es lo que debemos hacer.  Creo que debemos pelear por la clase media americana –que ha sido presionada implacablemente por décadas—; creo que es hora de que se pelee por ella tan duro como lo hacen los lobistas, y como lo hacen algunos congresistas que dan batalla para proteger un tratamiento especial para billonarios y grandes corporaciones.

Nadie quiere castigar el éxito en los Estados Unidos. Lo que hace grande a este país es nuestra creencia de que cualquiera puede tener éxito y de que todo el mundo debería estar en condiciones de intentarlo, la idea de que cualquiera de nosotros puede abrir un negocio o tener una idea que nos haga millonarios o billonarios.  Esta es la tierra de las oportunidades. Esto es grandioso. Todo lo que digo es que aquellos a quienes les va bien, incluido yo mismo, debemos pagar una parte justa en impuestos para contribuir a la nación que hizo posible nuestro éxito. Nosotros no podemos tener un trato mejor que el que reciben las familias comunes. Y creo que la mayoría de los americanos de fortuna estarían de acuerdo si supieran que con esto nos ayudan a promover el crecimiento y manejar la deuda que amenaza nuestro futuro.

Ninguno de los cambios que propongo son fáciles ni políticamente convenientes. Es siempre más popular prometer la luna y dejarlo para luego de la siguiente elección, o de la subsiguiente.  … sin embargo, los funcionarios públicos no fuimos elegidos para hacer lo que es fácil, ni para hacer lo que sea políticamente ventajoso. Es nuestra responsabilidad poner al país antes del partido. Es nuestra responsabilidad hacer lo correcto para el futuro.

En resumen el plan propone aumentar los impuestos a quienes más ganan, recortar subsidios a grandes compañías y/o modificar regímenes de excepción o de tratamiento tributario especial que favorecen a las grandes corporaciones.

El Presidente dijo que para crear empleo, reducir el déficit y retomar la senda del crecimiento hay que pagar por ello, y que la carga debe recaer en quienes más pueden aportar y quienes más beneficios han obtenido de las oportunidades que Estados Unidos les ha brindado a lo largo de su historia.

No dejó de mencionar las herencias recibidas. Dijo que la deuda americana provenía de la década pasada; es decir contraída antes de su administración, que estaba proponiendo las mismas tasas que las corporaciones y los millonarios pagaban en la década de los noventa; antes de que el Presidente Bush las rebajara; y que tanto republicanos como demócratas apoyaron en el pasado iniciativas de creación de empleo similares, por lo que no habría razones para que ahora no lo hicieran.

Los republicanos sin embargo no están de acuerdo y están dispuestos a dar batalla, pese a la amenaza de veto.

Aunque Estados Unidos cuenta todavía con mecanismos para estimular el crecimiento e incluso para bajar su déficit y reducir su deuda –en principio maneja su moneda y sus tasas de interés, por una parte, y cuenta con vetos y enmiendas constitucionales para imponer planes de contingencia, por otra; cosas con que no cuenta Europa–, un largo año de debates puede tornarlos ineficaces.

Si la crisis actual no impone otras medidas de urgencia, Estados Unidos puede enfrentarse a un año perdido.

PoliticaPress