Eurocrisis – ¿Se atreverá Europa a una reestructuración generalizada de deudas soberanas?

Europa debate un nuevo plan para hacer frente a la crisis, que será tratado en la cumbre europea de Bruselas, y para el que espera obtener el apoyo del G-20, que se reunirá en el sur de Francia los días 3 y 4 de noviembre próximo.

El plan llega tras fuertes reclamos de Estados Unidos y de economías emergentes y en desarrollo, para que Europa controle su crisis de una vez, antes que ésta termine propagándose al mundo en general, y en medio de multitudinarias manifestaciones callejeras de gente que va perdiendo la paciencia.

Las autoridades europeas anuncian que las medidas en debate, en concreto, son las siguientes:

1. Aumento de las pérdidas de la banca en la deuda de Grecia superior al 21% pactado en la Unión Europea en julio pasado.

La Canciller Angela Merkel admitió al respecto que no se puede descartar una quita de la deuda griega, tras analizar cuidadosamente sus ventajas y desventajas.

Sin embargo, la posición final de Alemania es una incógnita. Tras estas declaraciones el portavoz de la Canciller alertó que en la reunión de Bruselas no se cumplirán “los sueños” de quienes esperan que queden definitivamente atrás las turbulencias financieras y económicas de los últimos años.

2. Recapitalizar a los “grandes” bancos. Se habla de un nuevo mínimo de capital del 9% de los activos ponderados por niveles de riesgos, y considerando que no todos los bancos pasarán esa prueba, el rescate para los que la superen rondaría los 300.000 millones de euros, que irían en principio a los bancos de los grandes países europeos, Francia y Alemania, aunque no hay todavía un programa de reparto.

3. Mantener y profundizar los programas de ajuste en marcha en las economías en problemas, y los recortes de gasto público en el resto.

4. Aumentar nuevamente los recursos del FMI, para que preste en la emergencia, para lo que también se procura el apoyo del G-20.

Este es un punto en controversia, porque no hay consenso entre los propios europeos, y si lo hubiera, la medida escapa a la esfera de decisión europea; debe contar con el respaldo de otros países miembros del organismo y por ahora Estados Unidos rechaza que se recurra nuevamente a fondos multilaterales, y pide a Europa que se haga cargo con fondos propios.

Algunos grandes emergentes adelantan su apoyo a recapitalizar el Fondo; a lo que también se opone Estados Unidos, Japón y Alemania, porque con un mayor aporte al organismo estos países reclamarían también mayor participación en la toma de decisiones, incluidas las de condicionalidad de la ayuda.  Sobre este tema la Presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, por ejemplo, anunció recientemente que su Gobierno estudia la posibilidad de aumentar su aporte al FMI, pero que Brasil  usará su posición de acreedor en el organismo para evitar que éste imponga sus tradicionales condiciones de ajuste.

5. Aumentar los recursos del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, que ya cuenta con 400.000 millones de euros, para que sea éste el prestamista de último recurso.

Por otra parte, y como parte de las negociaciones se debate además la aplicación en todo el bloque europeo y/o a nivel global, de una tasa Tobin a las transacciones financieras, medida apoyada por Francia y Alemania, pero resistida por el Reino Unido, que ya tiene sus propio proyecto para proteger a su banca minorista y dejar en libertad de acción a la banca de inversiones, y porque teme que los bancos de la City Londinense se muden a jurisdicciones menos gravadas.

Según se alega se recaudarían con este impuesto unos 57.000 millones de euros a partir de 2014, cifra nada despreciable, pero insignificante frente a los valores de deuda que registra Europa: se estima que la deuda de España + Italia + Portugal + Grecia, ronda los 3.500 billones de euros. Frente a esta disparidad de escala, y de oportunidad, la medida es ajena a la emergencia, aunque sirva de advertencia a los especuladores.

Las propuestas inquietan más de lo que tranquilizan

Salvo el novedoso reconocimiento oficial de una quita mayor al valor de la deuda griega y la presión por la aplicación global de la tasa Tobin, los anuncios mencionados no difieren de las medidas adoptadas previamente, con los resultados que están a la vista.

Si esto es todo lo que tienen, la cosa empeora. El mundo –países y personas comunes– esperaban algo más, bastante más que otro programa para recapitalizar a la banca y a los prestamistas de último recurso.

Era de esperar, a esta altura, que finalmente aplicaran una reestructuración negociada de la deuda en problemas, para evitar el default y el contagio, y para que los recursos pudieran destinarse a planes de recuperación y no al pago de deudas.

De momento Europa no parece advertirlo, o no quiere reconocerlo, pero marcha sin pausa hacia una reestructuración generalizada de deudas soberanas en problemas.

Puede hacerlo ahora como una opción de salida, en forma medianamente ordenada y negociada, repartiendo las pérdidas con quienes tomaron los riesgos y cargando los costos sobre los que especularon, o tendrá que enfrentarlo luego, cuando sea inevitable, para recomponer los destrozos de la bancarrota.

Por Raúl de Sagastizabal